13.9.11

Soy un paquete 001 {hacer fotos a la gente por la calle}

Odio hacer fotos a la gente por la calle. No sé cómo puede haber tantos blogs dedicados a eso, cuando es un auténtico co-ña-cín. Que te paren por la calle para fotografiarte es algo que nunca experimentaré, para eso me visto como una persona gris. Bien hecho. Pero tener que parar a alguien por la calle, darle explicaciones, hacerle una foto, enseñarle la foto y largarte... Uf, no, ¿qué puede haber peor que eso? Muchas cosas, sí, pero sigue siendo malo.

Una de las tareas que tengo impuestas este trimestre es hacer fotos y más fotos por la calle a las buenas gentes de dios que lleven estampados que me puedan interesar. Hoy he hecho una tentativa y ha sido de risa. De esa risa cansina que te sale cuando algo parece que no tiene remedio pero lo tienes que aceptar, vaya.

Partimos de que eso de parar a alguien para pedirle una foto y explicarle por qué la necesitas no va a suceder nunca. Bien. Las opciones que quedan son pocas: disimular y robar esa imagen o robar descaradamente esa imagen y echar a correr si a alguien le molesta. Cuidado con los semáforos en rojo, que Madrid es una ciudad muy traicionera en cuestiones de tráfico.

Hoy he intentado hacerlo en plan discreto pero, os lo aseguro, en las películas que tratan sobre la Guerra Fría parece mucho más fácil de lo que es en realidad.

Ahora tengo fotos de un trozo de mi cuello y nada más, una parte de mi bolso y nada más, una parte de mi sombra y nada más, una parte del cielo y nada más. Aún no domino este arte.

El resto de fotografías están hechas a traición. Tengo muestras de estampados de la parte de atrás de vestidos y camisas. En la distancia. Con lo fácil que le debe resultar a cualquier persona y lo sospechosa que llego a parecer yo con una cámara en las manos.

Dejé de intentarlo cuando me paré un momento para dejar pasar a una anciana con bastón que llevaba una blusa estampada, con la intención de hacerle la fotografía de los huibols. Creo que la señora se olió algo porque, a pesar del bastón, me rodeó con algo más que prudencia y se dio la vuelta para mirarme. Si alguien le hubiera dicho que llevaba un cuchillo carnicero en mi mano, estoy segura de que se lo hubiera creído.

Total, que a la pobre mujer la fotografié cruzando una calle, pensando que tendría que dedicar más atención a no ser víctima del traicionero tráfico de Madrid que la mía propia.

Presento prueba número 1:


A todo esto, como soporte para búsqueda de tendencias no tiene precio. Paquete.

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